EL CASTOR
La película trata sobre Walter
Black un hombre de familia y un ejecutivo de éxito quien está a punto de perder
su empresa, su entorno social y familiar estaba muy dañado, su autoridad como
jefe de familia era nula, su hijo mayor lo rechazaba, lo cual lo hace irse de
la casa e intenta suicidarse, debido al
alcoholismo, depresión, baja autoestima y pérdida de valores, después intentar
por todos los medios de ponerse en tratamiento no logra encontrar nada que lo
ayude a retomar el rumbo de su vida.
Inmerso en ese estado de
incapacidad en el cual cae debido a que deja de tomar sus medicamentos, pues
los especialistas ya le habían dicho que su depresión era crónica encuentra en
la basura una marioneta que es un Castor, el cual lo convierte en su otro yo ya que lo ayuda a
comunicarse con los demás y logra de manera momentánea resolver parte de sus
problemas, puesto que recupera el entusiasmo, la creatividad, vuelve a trabajar y vuelve a su casa, aunque
la relación con su hijo mayor no es buena, logra recuperar la relación con su
hijo menor y su esposa quien le brinda su amor incondicional, sin embargo en el
recomendada por ningún especialista y como ella no está de acuerdo tener que
estar con el Castor en todo momento a parte que es una manera para Walter de
evadir la responsabilidad de sus acciones y las cosas que dice y se comienza
a complicar la situación, Meredith llama
al psiquiatra y este le dice que Walter tiene un año de no visitarle, por lo
que se vuelve un conflicto y él en un ataque de desesperación por seguir siendo
Walter se amputa la mano.
Es una película diferente a las
que uno está acostumbrado a ver puesto que no tiene un final feliz, sin embargo
se puede ver situaciones de la vida real, en donde el núcleo social más
importante de la sociedad como lo es la familia se ve afectado, con la baja
autoestima de alguno de los miembros, utilizar mecanismos de defensa para
evadir la situación, falta de ayuda y cooperación de todos, porque es evidente
que era necesaria una terapia de familia ya que
todos sus miembros estaban
afectados.
Depresión
La depresión es un
trastorno del estado de ánimo, que se traduce en un estado de decaimiento y
claudicación psicológica y biológica del paciente importante y continuado, y se
manifiesta a través de síntomas psíquicos (pudiendo aparecer desinterés,
tristeza, desmoralización, disminución de la autoestima...) y somáticos
(pudiéndose presentar en forma de pérdida del apetito, disminución del peso
corporal, astenia, alteraciones del sueño con periodos de insomnio y de
somnolencia, etcétera).
A la hora de realizar un
diagnóstico correctamente se ha descartar los episodios de tristeza pasajera o
frustración, que se consideran como una reacción natural de la persona ante
acontecimientos negativos como las situaciones de duelo por la pérdida de un
ser querido u otras como divorcios o separaciones; aunque si se prolonga más
allá de los seis meses o es tan importante que sea incapacitante puede
desembocar en lo que clínicamente se conoce como una depresión mayor.
Se pueden presentar
síntomas depresivos ante situaciones que conlleven un fuerte estrés, ya sea de
tipo laboral, económico o de relaciones interpersonales, que irán remitiendo
paulatinamente a partir de que desaparezca el desencadenante del estrés; es lo
que se denomina trastorno adaptativo con estado de ánimo deprimido.
Igualmente hay que
descartar las depresiones secundarias, que son aquellas que muestran síntomas
depresivos pero que tienen su causa en problemas somáticos o están provocados
por ciertos medicamentos.
Se trata de un problema
muy frecuente, se estima que afecta a 350 millones de habitantes en todo el
mundo, siendo, según la OMS, la primera causa de discapacidad mundial. Sólo en
España se considera que la incidencia de trastornos depresivos es de un 5-9% de
la población, aproximadamente 1,5 millones de personas, aunque al menos el
10-20% han padecido episodios depresivos en alguna etapa de su vida, en muchos
casos nunca han sido diagnosticados ni tratados como tal.
Otro problema habitual en
estos pacientes es que se calcula que la mitad de ellos abandona el tratamiento
antes de los seis meses que recomiendan los expertos, lo que deriva en mayor
número de recaídas y un aumento de las posibilidades de que el trastorno se
vuelva crónico.
Tipos
de depresión
Los diferentes tipos de
depresión se clasifican en función a los síntomas que muestra el paciente.
Grupo
A
Duración no inferior a 2
semanas.
No atribuible al consumo
de sustancias psicoactivas o a trastornos mentales orgánicos.
Grupo
B
Humor depresivo no
habitual en el paciente, constante durante todo el día y mantenido en el tiempo
de forma casi constante. No varía con las circunstancias ambientales del
sujeto, y persiste al menos durante 2 semanas.
Pérdida o ausencia de
interés por actividades anteriormente placenteras.
Aumento de la capacidad
de fatiga, o pérdida de la vitalidad habitual.
C
Pérdida de la autoestima
y de la confianza en uno mismo. Sentimiento de inferioridad no justificado
prolongado en el tiempo.
Auto-reproches constantes
y desproporcionados con sentimiento de culpa excesiva e inadecuada.
Pensamientos de muerte o
suicidio recurrentes, incluyendo tentativas.
Disminución de la
capacidad de concentración y pensamiento. Suele acompañarse de falta de
decisión.
Aparición de lentitud de
las funciones motoras, o agitación.
Alteraciones del sueño.
Variaciones del peso
corporal por descontrol alimentario (aumento o descenso marcado del apetito).
Grupo
D
Presencia de síndrome
somático, compuesto por alucinaciones, delirios, retardo psicomotor o estupor
grave, concordantes o no con el estado anímico del paciente.
De acuerdo a estos
criterios se puede clasificar el cuadro depresivo en:
Episodio
depresivo leve
Presenta dos o tres
síntomas del grupo B. Estos pacientes, por lo general, son capaces de continuar
con sus actividades habituales con total normalidad.
Episodio
depresivo moderado
El paciente presenta al
menos dos síntomas del grupo B y un cierto número del grupo C, hasta conformar
un mínimo de seis síntomas. Estos pacientes presentan dificultades manifiestas
para el desarrollo de las actividades habituales.
Episodio
depresivo grave
Presentan todos los
síntomas del grupo B, unidos a varios del grupo C, hasta conformar un mínimo de
ocho síntomas. Estos pacientes presentan una situación emocional marcadamente
ligada a la angustia, especialmente con pérdida de autoestima y sentimientos
intensos de culpa e inutilidad.
En estos episodios cobran
relevancia los intentos de suicidio, asociados a la carga somática,
principalmente en los pacientes de sexo masculino, por lo que estos pacientes
deben ser controlados de forma constante e incluso, en determinados casos, se
debe valorar la hospitalización del paciente. En esta fase pueden aparecer
asociados síntomas del grupo D.
Causas
de la depresión
Entre las principales
causas de la depresión podemos encontrar tanto factores genéticos,
fisiológicos, personales como ambientales:
Factores
genéticos
La presencia de
antecedentes de depresión en el ámbito familiar cercano (padres y hermanos)
incrementa en un 25-30% la probabilidad de sufrir depresión. En diversos
estudios se ha determinado que en los gemelos monocigóticos hay un 50% más de
probabilidades de que uno de los hermanos padezca depresión en el caso de
existir precedentes en el otro. Este porcentaje se reduce al 25% en el caso de
gemelos dicigóticos.
Factores
fisiológicos
La aparición y
cronificación de la depresión se ha relacionado especialmente con un descenso
de los niveles de serotonina a nivel de las uniones neuronales. Por este
motivo, en el tratamiento de la depresión se emplea en ocasiones un grupo de fármacos,
los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, cuya función
consiste precisamente en modificar los niveles de serotonina que se encuentran
alterados en estos pacientes. Existe, además, un grupo de enfermedades
estrechamente ligadas a la aparición de depresión, la mayoría de ellas
relacionadas con alteraciones endocrinas:
Migraña.
Diabetes.
Hipertiroidismo.
Síndrome de Cushing.
Enfermedad de Adisson.
Amenorrea
hiperprolactinémica.
Factores
personales
Se ha visto que existe un
porcentaje significativamente mayor de depresión en mujeres que en hombres. La
edad también es un factor influyente, y la franja comprendida entre los 35 y
los 45 años es la de mayor incidencia de depresiones. El embarazo y el posparto
son etapas vitales de la mujer con un mayor riesgo de aparición de depresión
debido a las alteraciones hormonales sufridas.
Factores
ambientales
Se consideran factores
potenciadores de la aparición de este trastorno todos aquellos que son
negativos para el sujeto (estrés, ansiedad, incapacidad de encauzar los
problemas...) en cualquiera de sus ámbitos personales (laboral, familiar…), en
especial si el sujeto se encuentra además en una situación de dependencia o
consumo habitual de alcohol, tabaco, drogas, etcétera. Una situación de escasas
o nulas relaciones interpersonales potencia especialmente estos factores.
Síntomas
y diagnóstico de la depresión
Son varios los síntomas
que pueden presentarse durante la depresión, sabiendo que, cuantos más síntomas
se aparezcan y cuanto más graves sean, más difícil será la recuperación.
De forma general, deben
existir al menos dos de estos tres síntomas típicos de la depresión:
Ánimo o humor depresivo
no habitual en el paciente, constante durante todo el día y mantenido en el
tiempo de forma casi constante.
Pérdida o ausencia de
interés por actividades anteriormente placenteras.
Aumento de la capacidad
de fatiga, o pérdida de la vitalidad habitual.
La CIE-10 establece que
un episodio depresivo se diagnostica a través de los siguientes parámetros:
Estado de ánimo
depresivo, de duración no inferior a dos semanas.
Situación no atribuible
al empleo de sustancias psicoactivas o a la presencia de algún trastorno mental
orgánico.
Presencia de síndrome
somático: en otras clasificaciones se denominan “síntomas melancólicos” o
“síntomas endogenomorfos”. Son:
Disminución o
desaparición del interés y la capacidad de disfrute por las cosas que
anteriormente resultaban placenteras.
Ausencia de respuestas
emocionales ante eventos que, generalmente, suelen desencadenar reacciones.
Alteraciones del sueño:
es especialmente frecuente la incapacidad de conciliar el sueño (insomnio de
conciliación), la de mantenerlo durante más de dos horas consecutivas (insomnio
de mantenimiento), o despertarse al menos dos horas antes de la hora prevista.
Empeoramiento progresivo
durante el día del humor depresivo.
Aparición de lentitud en
las funciones motoras o agitación.
Disminución marcada del
apetito.
Disminución del peso
corporal por descontrol alimentario (aumento o descenso marcado del apetito) de
al menos un 5% en el último mes evaluado.
Disminución marcada o
ausencia de apetito sexual.
Pérdida de la autoestima
y de la confianza en uno mismo. Sentimiento de inferioridad no justificado
prolongado en el tiempo.
Auto-reproches constantes
y desproporcionados con sentimiento de culpa excesiva e inadecuada.
Pensamientos de muerte o
suicidio recurrentes, incluyendo tentativas.
Disminución de la
capacidad de concentración y pensamiento. Suele acompañarse de falta de
decisión.
En este sentido también
es muy importante el papel de la familia a la hora de detectar los síntomas de
la depresión.
Tratamiento
de la depresión
Una vez diagnosticada la
depresión, el paciente debe iniciar el tratamiento, siendo en casi todos los
casos una acción combinada de terapia farmacológica con apoyo psicológico. Es
muy importante que antes de que el paciente inicie cualquier terapia, sea
informado por su médico de la duración del tratamiento de la depresión, los
beneficios que se van a intentar alcanzar, y los efectos secundarios que se
pueden desarrollar a lo largo del tratamiento.
Tratamiento
farmacológico de la depresión
De forma general, el
tratamiento farmacológico de la depresión se suele limitar a los cuadros
depresivos moderados o graves. En los pacientes diagnosticados de depresión
leve no se suele recurrir a terapia farmacológica, debido a su estrecho perfil
beneficio-riesgo. Únicamente se recomienda en caso de fracaso de otras
terapias, problemas médicos o psicológicos asociados, o historial previo de
depresión moderada o grave.
En los pacientes con
depresión moderada o grave, la terapia farmacológica se considera un
tratamiento de primera línea, aunque existe un 38% de pacientes que al cabo de
6-12 semanas no presentan respuesta al tratamiento instaurado, y en un 54% de
los pacientes no existe remisión de los síntomas. En el siguiente apartado
detallaremos los principales grupos de fármacos antidepresivos con más
detalles, así como sus efectos y las claves para aplicarlos.
Tratamiento
psicoterápico de la depresión
Las terapias psicológicas
más empleadas en el tratamiento de la depresión por su carácter específico son
la terapia cognitivo-conductual (TCC) y la psicoterapia interpersonal (TIP).
La terapia
cognitivo-conductual se ha mostrado tan efectiva como la psicoterapia
interpersonal (más lenta en lograr los objetivos que la TCC y la
farmacoterapia) y la terapia farmacológica, lo que la ha convertido en la
terapia psicoterapéutica de elección en el abordaje de la depresión moderada,
grave o resistente.
La duración de la terapia
variará en función del tipo de depresión diagnosticada, la situación personal
del paciente y la evolución de este. En pacientes con depresión grave o
crónica, si la terapia psicoterápica se asocia a tratamiento farmacológico la
efectividad siempre será superior a cualquiera de estas terapias por separado.
La terapia
cognitivo-conductual, asociada al tratamiento de mantenimiento, contribuye a
incrementar la efectividad del mismo para evitar la aparición de recidivas.
Esto es especialmente beneficioso para aquellos pacientes con antecedentes de
recaídas, o que presentan síntomas residuales, ya que son los que tienen un
mayor riesgo de sufrir de nuevo episodios depresivos.
Otros
tratamientos para la depresión
Autoayuda guiada: su
objetivo es que los pacientes adquieran capacidades de autocontrol y manejo de
la sintomatología de este trastorno. Se empelan tanto soportes bibliográficos,
como materiales digitales. Aunque se ha demostrado buena efectividad en
pacientes con depresión leve-moderada, no se conocen los efectos a largo plazo.
Ejercicio físico: está
demostrada la capacidad del ejercicio físico para mejorar el bienestar
personal, tanto físico como psíquico. En los pacientes con depresión
leve-moderada, un programa de ejercicio de intensidad moderada, de 40-45
minutos, 2-3 veces a la semana, durante un periodo de 10 a 12 semanas, podría repercutir
en una clara mejoría de la sintomatología depresiva.
Terapia electroconvulsiva
(TEC): esta terapia consiste en provocar una crisis comicial generalizada (una
convulsión), mediante la estimulación eléctrica del sistema nervioso central. A
pesar de ser una terapia devaluada y denostada en sus inicios, actualmente se
aplica bajo anestesia y miorelajación, y se considera efectiva en pacientes
adultos con depresión grave o resistente.
Fuente:
Centro Medico Online